lunes, 19 de noviembre de 2012

SALOA, CUNA DEL PASEO VALLENATO


SALOA, CUNA DEL PASEO VALLENATO

Por Lácides Martínez Ávila

Investigaciones recientes acerca de los orígenes del paseo vallenato apuntan a considerar que este aire musical tuvo sus verdaderas raíces en la población de Saloa, al centro del departamento del Cesar.

En su excelente y muy documentada obra, el historiador, compositor y abogado Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa incluye entre los antecedentes del paseo un cantar de gaita llamado saloero, que reinó en proximidades de la ciénaga de Zapatosa y que, como su nombre lo indica, nació en la población de Saloa, situada a orillas del río Cesar y de la ciénaga que lleva su nombre, y corregimiento actual de Chimichagua. Su fundación oficial en dicho lugar data de 1748, a cargo de José Fernando Mier y Guerra, de acuerdo con información tomada del libro El país de Pocabuy, de Gnecco Rangel Pava. Su comunicación con la cabecera municipal la establece por vía fluvial a través del río Cesar; por carretera se comunica con los municipios de Curumaní y Pailitas, y, por camino de herradura, con Zapatosa, corregimiento de Tamalameque.

Se trata de un centro pesquero por excelencia del departamento del Cesar, y son célebres, por lo demás, las esteras o petates de palma que allí se tejen y que merecieran mención en una canción popular del compositor chimichagüero Camilo Namén Rapalino.

De acuerdo con el estudio de Gutiérrez Hinojosa, en la conformación del paseo vallenato entraron, además del saloero, aires como el pilón, el amor-amor, el chicote, la tambora y el pajarito, distribuidos en las tres grandes zonas vallenatas: la ribana, la negroide y la ribereña. Pero sabemos, con base en fuentes orales dignas de crédito, que todos estos aires no eran más que meras variaciones nominales del saloero, el cual derivaría, en primera instancia, hacia el pajarito y, por último, hacia la tambora. Todos los demás aires mencionados —el pilón, el amor amor y el chicote— vendrían a ser equivalencias de la tambora o, lo que es lo mismo, tamboras con otro nombre.

En el mismo texto de Tomás Darío Gutiérrez se deja entrever lo que acabamos de afirmar, cuando escribe: “Aclaremos de paso que cuando se habla del amor-amor, el pilón o cantos de gaita y tambora, no se trata de composiciones en especial, sino de las diferentes especies cantoriles del Valle de Upar en épocas anteriores al acordeón; eran, en realidad, temas con sus melodías y su compás permanentes, sobre los cuales los cantadores de siempre, acompañados o no de la respectiva organología, improvisaban sus coplas captando en ellas todos los sucesos de la región”.

Más adelante dice: “Precisamente la existencia de una u otra de estas especies de cantares: amor-amor, pilón, tambora, paloma, sones, saloeros, chicote, etc., en cada una de las zonas o subregiones culturales del Valle de Upar, fue el germen de las posteriores escuelas del canto vallenato. Se puede demostrar esquemáticamente: las zonas Central y Ribana tuvieron el pilón, el amor-amor y el chicote; la zona Negroide tuvo los cantos de tambora, y la zona Ribereña los de pajarito y los olvidados cantares de gaita llamados saloeros, que reinaron en los alrededores de la ciénaga de Zapatosa. Obsérvese, por ejemplo, que los primeros paseos conocidos en la zona Negroide fueron cantos de tambora, tan antiguos como anónimos, llamados genéricamente la perra, la candela viva, etc.. Y concluye diciendo:Pajarito, tambora, amor-amor, pilón, etc. no eran más que esquemas musicales a los que se sometía el mismo canto de siempre, libre, tradicional y terrígeno”.

Según averiguaciones basadas en la tradición oral, el saloero se entonaba originalmente con flauta de carrizo. Más tarde, al evolucionar a pajarito, su interpretación se hacía con gaita costera, y, finalmente, al convertirse en tambora, el instrumento de percusión que lleva este nombre entró a desplazar gradualmente a la gaita hasta reemplazarla totalmente, de tal suerte que el único acompañamiento de la tambora en su fase adulta es el instrumento homónimo y las palmas del público.

Cabe precisar que este tránsito del saloero a la tambora habría tenido lugar en su mismo escenario de origen: San Vicente Ferrer de Cascajal, que así se denominaba el sitio donde vivían antes de 1748 los habitantes de Saloa y que se hallaba ubicado en jurisdicción de Tamalameque, según consta en el siguiente texto reproducido por Rangel Pava:

En el gobierno del Exmo. Señor Sebastián de Eslava, Virrey que fuera de este reino, se hallaba este sitio de San Vicente situado, con corto número de vecinos, en la sabana del Empalagado, jurisdicción do la ciudad de Tamalameque, en suma desdicha por no tener comercio alguno, motivo por el que el señor Maestre de Campo don José Fernando de Mier y Guerra, de la Orden de Caballería de Santiago, vecino de la villa de Mompós, por cuya cuenta corren las nuevas fundaciones y adelantamientos, de sus agregaciones en esta provincia de Santa Marta, los hizo trasladar a las orillas del río Cesar en el mismo puerto de Saloa, en cuatro leguas más abajo del de Cascajal, haciendo medio entre Chiriguaná y el río Grande de la Magdalena, donde logran sus moradores la navegación y por el otro del Cesar para El Paso del Adelantado y para Chiriguaná, y por donde también se trafica para Mompós y para las ciudades del Valle de Upar y Pueblo Nuevo de Jesús, logrando en este río abundante pesca, los mejores playones para la cría y engorde de ganados mayores, y de sabanas abiertas hasta Tamalameque, y para arriba hasta las faldas de la serranía del lado de Maracaibo, sus montañas fertilísimas para labrar y mantener flores en todo el año”.

Al ser trasladado al sitio que hoy ocupa, el pueblo pasó a llamarse oficialmente San Vicente Ferrer de la Nueva Saloa, y actualmente se le conoce simplemente con el nombre de Saloa. Pero obsérvese que fue en jurisdicción de Tamalameque donde este pueblo tenía originariamente su asiento. Es por esta razón que en la actualidad se considera a Tamalameque como la cuna de la tambora, y es allí donde cada año se celebra el festival de este aire folclórico. Sin embargo, hace aproximadamente veinte años, cuando todavía no se había fundado el Festival de la Tambora en Tamalameque, surgió la idea de declarar a Saloa capital mundial de la tambora y de organizar allí el correspondiente Primer Festival. Así se determinó por parte de las autoridades saloeras y hasta se anunció por la radio, pero impedimentos más que todo de orden económico hicieron imposible la cristalización de esta idea.

Hubo en Saloa, y aún quedan, excelentes cantadoras y bailadoras de tambora, entre cuyos nombres se pueden mencionar los de Lina Guerra, Buena Féster, Natividad Rojas, Sofía Gómez, Mercedes Zuleta, Marina Palomino, Andrea Juliana y otros más. Entre los tocadores de tambora que hubo en el pasado, se destacan: Elías Palomino, Francisco Camacho, Romualdo Misat, Vicente Sabino Guerra, Nemesio Rojas, Hilarión Palomino, Manuel Esteban Rangel y Sinforoso Vides, entre otros. Actualmente merece exaltarse la labor de Efraín Martínez, “Pumarejo”, hábil tocador de tambora de las nuevas generaciones.

El surgimiento del paseo a partir de la tambora tiene lugar cuando se incorpora en la ejecución de ésta el acordeón. Se piensa que esto ocurrió, por primera vez, en la zona Negroide, cuyo epicentro es El Paso. Pero lo cierto es que en Saloa se interpretaba tambora con acordeón en la primera década del siglo. Allí lo hacía, por ejemplo, de acuerdo con testimonios orales, un acordeonero llamado Manuel Carrasquera, de quien se dice que tocó el acordeón por la misma época que Francisco el Hombre y a quien, por este hecho, se le ha llegado a considerar “El Francisco el Hombre del Sur”.

Posteriormente, florecieron en dicha región otros acordeoneros como Atilano Gómez, Mamerto Beleño, Chico Castillejo y los hermanos Luis y Ricardito Royero, lo mismo que compositores como Luis Carlos Linares, Vicente Castillejo, Pepino Sangregorio, Inocencia “Chencha” Rojas, Lázaro Martínez, Juan Pablo Carvajal y, más recientemente, Vigilio Sangregorio, varias de cuyas canciones ya han sido grabadas.

Por otra parte, Tomás Darío Gutiérrez, citando una versión grabada, escribe en su obra que “los primeros paseos que se cantaron y se tocaron con acordeón fueron el pilón y el amor-amor”. Ello, de ser cierto, no contradiría en modo alguno la tesis que hemos expuesto, pues ya dijimos que tanto el pilón como el amor-amor y el chicote no eran más que formas o variaciones de la tambora y que ésta, a su vez, provino del saloero, pasando antes por el pajarito, aire de mera transición.

Induce lo anterior a concluir que ciertamente fue Saloa la cuna del paseo vallenato.

Debe quedar claro, por lo demás, que si bien el paseo, mediante el acordeón, surgió de la tambora, ello no significa que la haya reemplazado, sino que es una derivación de ella. La tambora sigue existiendo como tal. De ahí que algunos vallenatólogos la hayan propuesto como el quinto aire vallenato, planteamiento que es del todo lógico y digno de tener en cuenta.

Digamos entonces, en virtud de lo expuesto: ¡loa a Saloa! por tan valioso aporte al folclor vallenato.

1 comentario:

  1. Excelente documentación que nos permite conocer las verdaderas raíces de nuestro querido y bello singular vallenato.

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