A LA COLONIA
SALOERA RESIDENTE EN CURUMANÍ
Voy a saludar aquí
en mis versos mañaneros
a un grupo de saloeros
que vive en Curumaní.
Es un placer para mí
saludar a esos paisanos
que aunque de mí están lejanos
jamás los podré olvidar.
Les agradezco escuchar
mis versos que no son vanos.
Me encuentro de dicha lleno
y ningún pesar me agobia
al saludar a mi novia
Cipriana López Moreno.
A ese angelito tan bueno
dedico esta estrofa entera.
¡Cuán feliz yo me sintiera
si me encontrara a su lado
extasiándome, arrobado,
en su belleza hechicera!
A la señora Crispina
yo la recuerdo a menudo;
también le envío mi saludo
a la comadre Martina.
La lista aquí no termina,
está empezando tan sólo:
no piensen que es protocolo
porque siempre soy sincero.
También saludar hoy quiero
con afecto al señor Polo.
A Adelmo y a su mujer,
que Ruby es cómo se llama,
mi saludo en el programa
extensivo quiero hacer.
A Alberto, a Jorge, a Javier
también saludar me agrada,
y, en esta linda alborada,
de mi lista no separo
a Géiner, Yadi y Amparo,
ni a Yajaira, que es mi ahijada.
Meche, Rosalba y Raquel
a olvidar no se me iban;
también saludos reciban
Juan Carlos, Camo y Mabel.
Sigue Lácides Manuel
saludando con afán:
Silvia, Emilda, Húguer, Julián,
Yolieth, Liliana y Rocío…;
para todo ese gentío
también mis saludos van.
En este alboreo que arroba
con su hermosura temprana,
saludo a Flocha, mi hermana,
a Gicho, a Freddy y a Giova.
Sigue este bardo que trova
con cadencia y melodía,
saludando en este día
a su paisana colonia.
Saludo a mi tía Gorgonia
también en esta poesía.
Yo aprecio a toda esa gente,
porque ella me aprecia a mí.
Si voy a Curumaní,
me atiende divinamente.
Extiendo gustosamente
mi salutación sincera
a Desideria Rivera,
quien nunca de mí se olvida,
y a mi abuelita querida,
Petronila Carrasquera.
Lácides Martínez Ávila

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