A ALBERTO ARIAS FONSECA
Desde Plato, donde brilla,
Arias, si no me equivoco,
se vendrá dentro de poco
a vivir a Barranquilla.
Como no sea carretilla
y se venga de mudar,
cuando llegue, sin tardar,
pondremos en compañía
una escuela de poesía
para enseñar a rimar.
A su llegada, lo invito,
tal como el uso lo manda,
a formar una parranda
con Boris y Rodriguito.
Participarán del rito
el Burujul y Javier,
y Teresa, la mujer
de Javier, hará el sancocho,
pues yo pienso comprar ocho
gallinas para comer.
Lácides Martínez Ávila

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