domingo, 30 de diciembre de 2012

PARA MI DEFENSORA DELFINA DE ARMAS


PARA MI DEFENSORA DELFINA DE ARMAS

Me duele profundamente
que mi abogada Delfina,
mujer decente y muy fina,
tenido haya un accidente.
Pero Dios Omnipotente
sé que velará por ella
y borrará toda huella
del lamentable percance,
para que de nuevo alcance
su forma agraciada y bella.

En la Clínica del Prado,
cuando a visitarla fui,
en mi interior me sentí
hondamente consternado.
Desde entonces he rogado
al Cielo que sin demora
se aliente esa gran señora,
a quien estimo y respeto
y que con Martínez Beto
tuvo una nefasta hora.

               Lácides Martínez Ávila

AYER A PESCAR SALÍ


AYER A PESCAR SALÍ

Ayer a pescar salí
sin patrón ni compañero,
y en medio de un aguacero
bastantes peces cogí.

La ciénaga de Totó,
de sus aguas tan azules,
me dio noventa barbules
y ochenta arencas me dio.
Treinta bagres cogí yo
y seis burras, otrosí;
contentísimo volví
ya por la tarde a Saloa...
Solito, yo en mi canoa,
ayer a pescar salí.

Asimismo capturé
cuatrocientos bocachicos;
boté los más chiquiticos
y los grandes conservé.
Sin carnada, me jalé,
con un anzuelo bagrero,
un sábalo cienaguero
que me quiso hasta tumbar,
ayer que me fui pescar
sin patrón ni compañero.

Cogí cincuenta doradas
y sesenta comelones,
veinte moncholos muelones
y diez doncellas preñadas.
También fueron atrapadas
por mi atarraya de cuero
cien cachacas y un rimero
de mojarras y blanquillos…
Cogí muchos pececillos
en medio de un aguacero.

Yo destilaba alegría
y dicha hasta por los poros,
pues setenta coroncoros
pesqué en la atarraya mía.
Y, cuando ya atardecía,
también pesqué un manatí;
entonces me dirigí
al puerto de Guamalito,
feliz porque yo solito
bastantes peces cogí.

             Lácides Martínez Ávila

CONTESTA DE UNA CARTA DE MI AMIGO FREDDY PLATA (1975)


CONTESTA DE UNA CARTA DE MI
AMIGO FREDDY PLATA (1975)

Primeramente recibe
el más sincero saludo
de quien te extraña a menudo
y que esta carta te escribe.
Te diré que aquí se vive
en un clima amañador
que sin duda es superior
al de Tunja, amigo mío,
porque no hace mucho frío
ni es excesivo el calor.

Perdona que no me exima
de hacerte la carta en verso,
pero es que cuanto converso
ahora me sale en rima.
Volviéndote a hablar del clima,
te diré en esta poesía
que a mí no me gustaría
vivir en una nevera.
¿Cómo diablos se prospera
en una vaina tan fría?

Te informo aquí en confidencia
que, aunque no lo entiendo casi,
ya los cacos de Codazzi
gozan de real indulgencia.
En esta correspondencia
que muy gustoso te escribo,
de decirte no me inhibo,
pues no hay razón para ello,
que ahora también “El Chello”
vive aquí donde yo vivo.

De Luis Ávila conviene
escribirte sin enredo
que poco decirte puedo,
porque casi aquí no viene.
Lo del plumero, aunque truene
Lucho cual bomba explosiva
cuando el informe reciba,
se lo diré, no lo dudes;
también lo de tus saludes
a Francia, cuando le escriba.

Me volvió a brillar el Sol,
y en los primeros parciales
saqué notas de las cuales
aquí te transmito el rol:
Cinco saqué en Español,
lo mismo en Filosofía,
mientras que  en Psicología
logré sacar cuatro treinta.
¿Lingüística? Tres setenta;
ésa fue la nota mía.

Casi que tengo un revés,
puesto que en Sociología,
rajada la mayoría,
pude salvarme con tres.
Cuatro setenta en Inglés
obtuve sin mucho apuro,
pero, Freddy, te aseguro
que me voy a proponer
estudiar para obtener
mejor nota en el futuro.

Si algo más debo decirte,
de mi memoria hoy se aparta
y lo incluiré en otra carta
que habré después de escribirte.
También he de remitirte
los versos que yo he compuesto
en mi duelo con el resto
de los poetas campestres,
para que allá se los muestres
a tu amigacho inmodesto.

                      Lácides Martínez Ávila

PARA JULIO GIL BELTRÁN SIMANCA


PARA JULIO GIL BELTRÁN SIMANCA

Gil Beltrán, gran rimador,
me pidió con cortesía,
que le hiciera una poesía
a Cristo Nuestro Señor.
Y yo, que soy trovador
desde mi modesta cuna,
no tuve objeción alguna 
para hacer a mi manera
lo que Beltrán me pidiera
en forma tan oportuna.

Mas yo también quiero ahora
pedirle a don Gil Beltrán
que le cante sin afán
a la tierra donde  mora:
A la Costa encantadora
donde nosotros nacimos,
do por vez primera vimos
del sol su luz prodigiosa
y nuestra madre amorosa
nos dio sus primeros mimos.

                  Lácides Martínez Ávila

A ALBERTO ARIAS FONSECA


A ALBERTO ARIAS FONSECA

Desde Plato, donde brilla,
Arias, si no me equivoco,
se vendrá dentro de poco
a vivir a Barranquilla.
Como no sea carretilla
y se venga de mudar,
cuando llegue, sin tardar,
pondremos en compañía
una escuela de poesía
para enseñar a rimar.

A su llegada, lo invito,
tal como el uso lo manda,
a formar una parranda
con Boris y Rodriguito.
Participarán del rito
el Burujul y Javier,
y Teresa, la mujer
de Javier, hará el sancocho,
pues yo pienso comprar ocho
gallinas para comer.

                  Lácides Martínez Ávila

A “QUIERO AMANECÉ”


A “QUIERO AMANECÉ”

Cuando el suave resplandor
de la aurora comenzante
aparece en el levante,
enciendo mi receptor.
Y en mi lecho amañador
sintonizo con esmero
“Radio Libertad”, pues quiero,
antes de que el tinto esté,
oír “Quiero Amanecé”,
programa muy placentero.

Siento un placer infinito,
que del dolor me separa,
oyendo a Boris Vergara
y a Rodríguez Rodriguito.
Mi receptor pequeñito,
desde su camastro azul,
que es la tapa de un baúl,
me da goces a raudales
con los chistes muy geniales
del gracioso Burujul.

                 Lácides Martínez Ávila

PARA LA PELÁ YINA


PARA LA PELÁ YINA

¡Caramba!, es muy cierto eso
de que la Pelada Yina
goza de una voz divina
con el encanto de un beso.
Yo me llené de embeleso
ayer que con ella hablé;
por teléfono escuché
su dulce voz de sirena,
tan agradable y amena
como “Quiero Amanecé”.

Ahora sí que yo me explico
por qué tantos caballeros
se la pelean cual goleros
dotados de recio pico.
Eso yo no lo critico,
porque cualquiera lo haría;
yo también me pelearía
por Yina como un león,
pues tiene entera razón
Segura en lo que decía.

                  Lácides Martínez Ávila

domingo, 16 de diciembre de 2012

DÉCIMAS COMBATIVAS Y PROCACES DEL "POETA SALOERO"


DÉCIMAS COMBATIVAS Y PROCACES DEL "POETA SALOERO"



Las siguientes décimas, del autodenominado "El Poeta Saloero", fueron elaboradas en el marco de una especie de piqueria o contienda decimera escrita, que leía el locutor Boris Vergara De la Rosa, en su programa mañanero “Quiero Amanecé”, a través de la entonces potentísima emisora barranquillera Radio Libertad, a la sazón ama y señora de la audiencia radial costeña. Eso fue por allá entre los años 1974 y 1980. De diversos lugares de la Costa Atlántica colombiana enviaban los decimeros a ese programa sus composiciones, que, con gusto y mucha gracia, leía el “Ñerísimo”, como se le conocía a este célebre locutor barranquillero. Se trataba de décimas escritas con un lenguaje eminentemente popular y aparentemente ofensivo, en las que los decimeros se solían insultar unos a otros lanzándose amenazas, muchas de ellas groseras y hasta vulgares; pero tal beligerancia o agresividad era sólo en el papel, porque muchos de esos decimeros se conocían y eran amigos de parranda. 


He aquí algunos nombres de estos “pugnaces” y “aguerridos” juglares del foclclor costeño: Saturnino Ospino Soto, de Zambrano (Bolívar); Orfelio y Gustavo Lara, de Malambo (Atlántico), Lucho De la Hoz, de Cantagallar (Magdalena); Eloy Cohen, de El Salado (Bolívar), Jorge Eliécer Garizábalo, de Soledad (Atlántico), Marcial Agámez y Cristo Acosta Gil, de Plato (Magdalena), Alberto Arias Fonseca, de El Copey (Cesar), Manuel Rodríguez “Rodriguito”, de Barranquilla, y alguien que se identificaba como “El Guerrillero”, de Calamar (Bolívar), entre otros.


El autor, ya se dijo, era uno de ellos, y se identificaba como "LÁCIDES MARTÍNEZ, EL POETA SALOERO”.

ALÁBATE, POLLO…

Si se me exige elegancia,
eso es lo que más me sobra.
Escuchen bien esta obra,
llena de gran consonancia.
Detesto la petulancia,
porque de tontos es propia,
pero en mí no existe inopia,
para rimar con altura.
¡Aprecien mi gran soltura,
en el verso y tomen copia!

No lo recojo del suelo,
si soy un buen rimador:
Mi padre fue un trovador,
que nunca perdió en un duelo.
Y ¡qué decir de mi abuelo,
hombre de mucho talento,
cuyo egregio entendimiento
fue siempre claro y lozano.
Por eso en un mano a mano,
nadie me viene a echar cuento.

Procedo a continuación,
a explicar con buenos fines
quién es Lácides Martínez;
así que ¡mucha atención!
Doy mi identificación,
para que todos estén
informados sobre quién
es este gran decimero,
que es de origen saloero
y que sabe rimar bien.

Yo he sido, desde chiquito,
un soberbio rimador,
¡yo soy el hijo mayor
del difunto Lazarito!
Mi padre fue un erudito,
fue una insigne maravilla.
Por eso es que mucho brilla
la sapiencia en mi cabeza.
Muy claro el dicho lo expresa:
¡De tal palo tal astilla!

Yo soy --sépalo la audiencia—
nieto de Lázaro el Viejo,
al cual mucho me asemejo,
en saber e inteligencia.
Me viene, pues, por herencia,
ese intelecto tan rico.
Sencillamente lo explico,
porque quiero que se sepa…
¡Yo soy sobrino de Chepa,
la mujer de Vicentico!

Ustedes asombraránse,
pero esto es por punta y punta:
¡Soy hijo de la difunta
Andrea, que en paz descanse!
Ella, antes del percance
que convirtióla en occisa,
fue una eminente poetisa
con solvencia y maestría.
¡Por eso es que en la poesía
siempre gano, ¡y por paliza!

Lo ven hasta los miopes,
que mi cabeza no es vana.
¡Soy el novio de Cipriana,
la hija de Polo López!
Mi novia está hasta los topes
dotada de gran talento:
Hace un verso en un momento,
de muy bonita manera.
¡Basta que sea saloera,
para rimar con acento!

Yo rimando no soy parco,
pues soy sobrino, señores,
de mi tía Carmen Dolores,
la que vive con Plutarco,
Mi cerebro no es un charco,
es una fuente tranquila
que agua límpida destila…,
mejor dicho, soy un “coco”,
y, como si fuera poco,
soy nieto de Petronila.


PARA ORFELIO LARA (1)

Felicito a Orfelio Lara,
porque ése sí es un poeta;
a aquel que con él se meta
se lo comerá la  guara.
La rima de Orfelio es clara,
sin el más mínimo error;
se nota que es trovador
de los pies a la cabeza;
en sus versos hay destreza
y dosis de buen humor.


A CRISTO ACOSTA GIL (1)

¡Para las orejas, burro!,
que te voy a replicar:
Como te llegue a agarrar,
Cristo Acosta, te “espachurro”.
Te “estripo” y despanzurro
como te llegue a coger,
y no me va a conmover
tu sufrimiento, bujío,
porque no eres nada mío
para irme a condoler.

El cuchillo de abuelo
te lo embuto hasta la cacha;
tengo preparada un hacha
para henderte, papayuelo.
Voy a tenderte en el suelo,
que el sol implacable escalda;
te quito corpiño y falda
y te acuesto bocabajo,
y de un hachazo te rajo
por el medio de la espalda.

Con un grueso y largo hico,
¡oye, puerco con catarro!,
por la verija te amarro
como si fueras un mico.
Te pateo por el hocico
como te pongas a hozar;
después te habré de obligar,
desmirriado papanatas,
a correr en cuatro patas
hasta Saloa, Cesar.

Para rimar con sazón,
pídele en súplicas varias
a mi compadre Alberto Arias
que te enseñe, bobarrón.
Voy a zamparte al fogón
y apenas estés soasado,
te saco y con mucho agrado
te echaré limón con sal,
para que lo pases mal,
¿oíste, gato apestado?


PARA LUCHO DE LA HOZ (1)

De tres ramales un chucho
me mandaron de Chinela,
para que le dé una pela
al sinvergüenza de Lucho.
Y me conseguí un serrucho
donde el viejo Andrés Narciso,
porque, si a Lucho diviso,
me lo alcanzo y al momento,
sin ningún remordimiento,
lo arroyo, lo descuartizo.

Con las pezuñas “pa” arriba,
lo guindo de un orejero
y entonces le raspo el cuero
dejándolo en carne viva.
Berreará como una chiva;
mas, sin perder mi fiereza,
el serrucho, con destreza,
se lo meto entre las piernas
y de maneras no tiernas
lo rajo hasta la cabeza.

Que no se oculte, ¡que salga!,
que una flecha tengo lista,
y, si le pongo la vista,
se la enchazo en una nalga.
Aunque la cárcel me valga,
vea, Boris, amigo mío,
y aunque me digan impío
y me arrepienta ante Dios,
yo al tal Lucho De la Hoz
¡lo mato y lo tiro al río!


PARA SATURNINO OSPINO SOTO (1)

Ahora sí que se encontró
el hambre con la comía:
Saturnino, el policía,
y nadie menos que yo.
La lid que se suscitó
entre los dos va a durar;
¡quién sabe qué irá a pasar!;
si él es duro, yo soy duro;
nosotros dos, sí es seguro,
nos vamos es a esgreñar.

Nadie se debe meter
en este combate a muerte;
el que tenga menos suerte
será el que va a perecer.
Él lleva las de perder
conmigo, sin duda alguna,
porque yo, desde la cuna,
soy vate digno de loa,
puesto que nací en Saloa
para mi bien y fortuna.

Ni el mismo diablo podrá
apaciguar la pelea;
cuando Satu ya se vea
perdido, huyendo saldrá.
O sea, se las prestará
a venao si no lo arrengo;
o tal vez no lo detengo
y, cual rauda mariposa,
pondrá pies en polvorosa:
¡paticas pa qué te tengo!




¡Ah bicharraco rahez,
de execrable y ruin linaje!,
a tu canallesco ultraje,
respondo con altivez.
A una joven cierta vez
yo conocí y estupréla;
luego, cual ave que vuela,
se alejó de mí esa arpía…
¡Esa mujer no es tu tía,
aunque es hija de tu abuela.



PARA LUCHO DE LA HOZ (2)

¿Oyeron graznar a Lucho
diciendo que no sé qué…,
que yo en “Quiero Amanecé”
me la paso es dando chucho?
Él dice que arrastro mucho
con majagua, chuzo y pego;
eso es verdad, desde luego,
pero ¿saben lo que creo?: 
es que quiere, según veo,
tomar las de Villadiego.

Ya lo tengo acorralado
como armadillo en solapa;
¡ni de vaina se me escapa!,
pues está bien vigilado.
Lo tengo tan humillado,
que ya ni suena ni truena;
parece una rata llena
de miedo, e ignora qué hacer;
quiere arrancar a correr,
pero se aguanta por pena.

Ahora me anda rogando
que no lo azote ni arrastre…;
¡de Codazzi hasta El Desastre
voy a llevarlo arrastrando!
Que no lo sigua puyando
me pide en su estrofa mocha;
pero, aunque sea por recocha,
¡de que lo chuzo lo chuzo!;
lo chuzo bien con un huso
o bien con una garrocha.

A Boris le pediré
que lo agarre y lo sostenga,
y, mientras él me lo tenga,
con un rejo le daré.
La cara se la pondré
con más hoyos que una tusa,
y, aunque eso nadie lo usa,
le haré tragar tras la pela
cinco platos de piñuela
con tui cáscara y pelusa.

Me dirán sin sentimientos,
pero a Luis, sin compasión,
voy a empujarle un galón
lleno de “Phosvel Trescientos”.
Le dará grandes tormentos
ese insecticida fino;
le ripiará el intestino
y quizás muera el vergajo…
¡Que se muera, qué carajo!;
a mí me importa un comino.


PARA ORFELIO LARA (2)

No sé si Orfelio, mi amigo,
en sus décimas que oí,
referirse quiso a mí
por las cosas que yo digo.
Yo no creo que sean conmigo
las sátiras que lanzó;
él mi amigo se mostró
y no creo que vaya ahora
a buscar su mala hora,
conociendo quién soy yo.

Yo, de manera amistosa,
le pido que especifique,
es decir, que él mismo explique
a ver con quién es la cosa.
Por si acaso a mí me roza
yo ya sabré a qué atenerme;
procederé a defenderme,
aunque, repito, me extraña,
porque él sabe lo que a España
le pasó por ofenderme.

Yo sí he matado rival,
compañero Orfelio Lara;
de ello Boris Vergara
es testigo presencial.
Yo me enfrenté a un tal Marcial,
y a la tumba lo mandé;
antes de eso espaturré
a otro llamado Cristo;
más tarde a Luis dejé listo,
y a Ospino Soto maté.




PARA ELOY COHEN (1) SOBRE LUCHO DE LA HOZ (3)

Un vaina no muy bella
le cuento de un sinvergüenza:
Lucho De la Hoz se piensa
volar con la hembra aquella.
Se piensa fugar con ella
cual fugitivos apaches;
sus botas y sus huaraches
ayer estaba alistando;
¡yo mismo lo vio empacando
harapos y cachivaches!

Una maletona escueta
le vi de cerca y de lejos,
la cual de chécheres viejos
aspira a llevar repleta.
Acerca de esa maleta
dijo Alejo Vizcaíno:
“Oye, Lácides, yo opino
que si se le pone rueda,
en el acto siendo queda
un ómnibus neoyorquino”.

Por lo que le estoy diciendo,
quizás Lucho se disguste…;
amigo Eloy, no es embuste
lo que le estoy refiriendo.
El viaje, según entiendo,
será un eterno paseo;
como buen hombre a Luis creo
y mi amigo es además,
¡que vaya con Satanás
de corazón le deseo!

¿Recuerda que a mi entender
yo sostuve el otro día
que Lucho lo que quería
era arrancar a correr?
Pues ahora puede ver,
Eloy, que tuve razón;
¿qué piensa de esa cuestión
usted y qué le parece?
Le agradezco que me exprese
su autorizada opinión.


A ORFELIO LARA (3)

Está Orfelio con la vaina:
que yo y que soy bachiller;
como lo llegue a coger
se va a llevar su azotaina.
Lo pateo con mi polaina
por delante y por detrás,
y le arrecuesto además
un leño de peraleja
por to el pegue de la oreja
pa matá a ese lenguaraz.

Yo no soy, te lo reitero,
ni bachiller ni doctor;
yo soy es un pescador
y además soy machetero.
Contradecirte a ti quiero:
casado haré lo no hecho;
me siento más satisfecho
casado que estando solo;
la hija menor de Polo
me hará un hombre de provecho.



PARA “ANTENA REGIONAL

Para “Antena Regional”,
programa radial costeño,
elaboro con empeño
este poema triunfal.
Ese espacio sin igual
es digno de mil loores;
tiene buenos locutores,
alegres, vivos y duchos;
por eso goza de muchos
oyentes y admiradores.

Con agrado me vinculo
al combo de este programa…
¡La vaina es que con mi fama
yo a todo poeta anulo.
Por donde quiera deambulo,
ando repartiendo versos;
me enfrento a vates diversos
y al que me busque lo quemo.
¡A Lucho y al Compae Chemo
yo les gano sin esfuerzos!



AL GUERRILLERO (1)

Fabriqué una jaula ayer,
resistente y cipotúa,
porque pronto, cutumbúa,
yo te tengo que coger.
Como llegues a caer
en esa jaula, tú vas
a sufrir como quizás
no te imaginas ni esperas;
podrás brincar cuanto quieras,
que de allí no te saldrás.

En esa jaula gigante
lo vas a ver todo gris;
de cebo en vez de maíz
te coloco ají picante.
Me subiré vigilante
a un árbol “pa” estarme riendo
al ver que te estás metiendo
en la trampa, ¿oíste, maula?...
Cuando me acerque a la jaula,
tu susto va a ser tremendo.

Conque te las quieres dar
ahora de puritano;
de santo, casto y muy sano,
siendo un sucio muladar.
Yo supe que en Calamar
tienes miles de aventuras;
me cuentan que haces diabluras
con burras sin darles tregua;
por celos dizque una yegua
te pateó las asaduras.

Confiésame, Guerrillero,
aquí donde no hay testigos:
¿Es verdad que tus amigos
te llaman es el “Burrero”?
Me dicen que en un potrero
te pillaron una vez
rodeado como por diez
asnas a las que abrazabas
y en las bembas besuqueabas
con toda desfachatez?

Te advierto que soy muy duro
cuando conmigo lo son;
cuando me da indignación,
a cualquiera yo trituro.
Me das el consejo impuro
de que vea y coma callado;
¡no eres más que un solapado!,
pues ni siquiera te nombras,
y, agazapado en las sombras,
¡qué males no habrás causado!

Cuando toda actividad
de un hombre es honesta y buena,
a él nunca le dará pena
hablar de su intimidad.
Pero cuando es la maldad
lo que a proceder lo mueve,
entonces él no se atreve
a mostrar su interna faz
y sostendrá, contumaz,
que ser callado uno debe.



PARA LUCHO DE LA HOZ (4)

Se vino sin su costilla
Lucho desde Medellín;
decidió volver al fin
a su amada Barranquilla.
Pero parece una anguilla
de lo flaco que llegó;
ayer cuando lo vi yo,
lo asocié con un alambre.
¡Mucha debió ser el hambre
que allá en Medellín pasó!

Después de tanta boruca
que armó al irse de Curramba,
en Medellín no halló chamba,
¡no ganó ni “pa” la yuca!
Y al ver la vaina maluca,
como conocía el camino,
no fue pendejo y se vino
para donde su familia,
dejando sola a Cecilia
sin importarle un comino.



PARA EL DEFENSOR DE PACHO VILLALBA (2)

Recuerdo que cierto día
un medroso cucaracho
salió a defender a Pacho
Villalba en una poesía.
El puñetero decía
que él sí sacaba la cara
por Pacho aunque le tocara
batirse como un león.
Pero desde esa ocasión
¡ni más crascitó esa guara!

Yo cierta vez que lo vi
le pregunté a ese tontaina
que con quién era la vaina,
que si lo decía por mí.
Ese día sí me reí
hasta que me dolió el pecho;
la causa de esto fue el hecho
de que ese vil lagartijo
me volteó la espalda y dijo:
“¡Por aquí que es más derecho!”

Créanme lo que les hablo,
que se espantó ese jumento
como alma que lleva el viento
perseguida por el diablo.
El vallado de un establo
saltó en forma presurosa.
Yo me reí de la cosa
al ver cómo mi enemigo,
diciendo: “¡Esto no es conmigo!”,
puso pies en polvorosa.

¡Que defienda ese balleno
al inútil de Villalba,
quien con su cabeza calva
no sabe hacer nada bueno!
Deben tragarse un veneno
defendido y defensor;
así le harían un favor
a la humanidad entera.
¡Que me responda el que quiera,
pues yo sí tengo valor!



AL GUERRILLERO (2)

Escucha, mono cotudo:
¡la madre! si no te clavo
por debajito del rabo
un arpón bien puntiagudo.
Cuando te vea, mi saludo
va a ser una zurriaguera
por todita la cadera
para dejarte arrengado.
¡Quedarás desmentizado
de la misma garrotera!

A ese nido de culebra
al que quieres que yo vaya
irás tú con tu morralla,
¿oíste, cara de cebra?
Guerrillero, hebra por hebra
el cuero te deshilacho
si te cojo, mamarracho,
porque tú te lo mereces…
¡Del mundo es mejor que empieces
a despedirte, muchacho!

Voy a ponerte un trampero
en tu trocha, guartinajo,
para que te parta el cuajo 
con su disparo certero.
Si no mueres, Guerrillero,
del disparo del cartucho,
te entierro por el machucho
un buen chuzo de maquenque.
¡Vas a ver el esperrenque
de Lácides, avechucho!


A SATURNINO OSPINO SOTO (2)

Escúchame, Ospino Soto:
Si te atrapo, puerca jara,
con una pelada vara
de guayabito te azoto.
Cuando te vea, te me boto
y te fueteo con vigor;
en medio de mi furor
te pateo salvajemente
y te echo agua caliente
pa que berrees de dolor.

Si nuestro duelo no cesa,
te voy a hacer tragar fango;
allá en el rumbón de El Mango
te arbolearé de cabeza.
Sin mucha delicadeza,
haré lo que aquí te narro:
por el fundillo te agarro
y entonces en cuerpo y alma,
como aquel que entierra palma,
¡te entierro dentro del barro!

No esperes que yo me achique,
¡óyeme, asno con viruela!
Te voy a dar una pela
con una penca de fique.
Yo cuando estoy en un pique,
no cedo ni capitulo;
anda con gran disimulo,
porque como yo te vea,
te buscaré la pelea
y, si no huyes, te estrangulo.





A MARCIAL AGÁMEZ (1)

¡Oye, burro muerto de hambre,
que en Plato rebuzna y chilla!:
Si te pongo la “engarilla”, 
te cincho con un alambre.
Aunque te causen calambre,
seis bultos de engancharé;
la silla te la pondré
sin sudaderos debajo,
y el arristranco, vergajo,
será un bejuco tomé.

¿Quién te dijo a ti, animal,
que la paz ando buscando?
Eso es lo que estás deseando
porque tu miedo es cerval.
Pero entérate, Marcial,
de que mucha es mi bravura;
te daré larga tortura
y, antes de quieto dejarte,
¡yo a ti tengo que arrancarte
por lo menos la asadura!

Una colin a fiar voy,
en la ferretería Justo
y una planera a mi gusto
con esa rula te doy.
Te buscaré desde hoy
por aire, tierra y por mar,
y, si te llego a encontrar,
bofe y mondongo te arranco…
Marcial, te voy a ser franco:
¡Yo a ti te pienso es matar!

Pero antes, perro flojo,
de que te pase al papayo,
te parto a punta de guayo
la trompa y te saco un ojo.
Te arbolearé en un rastrojo,
donde el chulo te empaquete;
mientras vivo estés, zoquete,
ruego al diablo desde acá
que alguna boquidorá
te agarre por el garrete.


A SATURNINO OSPINO SOTO (3)

¡Escúchame, burra baya!,
como te tengo ojeriza,
voy a darte una cueriza
con un pedazo de guaya.
Como a tu tierra yo vaya,
voy a hacerte pasar pena:
te haré comer en la cena
un sapo, y, con mucha astucia,
te haré tragar de agua sucia
una bacinilla llena.

Si no te callas la jeta,
yo mismo voy a callarte;
tengo pensado cazarte
con un lazo de vareta.
Una culebra completa
de carnada te coloco;
vas a pasar tu sofoco
por el pescuezo guindado,
y, si no mueres ahorcado,
te remato con mi zoco.

Eres un bagre cachorro
que se cree muy nadador,
y yo, que soy pescador,
te atraparé en mi chinchorro.
Muchas molestias me ahorro
si te entierro mi cuchilla;
te voy a volver papilla
en la playa con fiereza
y te trozo la cabeza
para ahumarla en la parrilla.

Para que pierdas el juicio
y mueras loco, granuja,
voy a pedirle a una bruja
que te eche un maleficio.
Te haré “jartar” desperdicio
del que comen los marranos;
te informo en mis versos sanos
que si alguna vez te veo,
¡te acoso y te correteo
con una lanza en las manos!



A ALBERTO ARIAS FONSECA (1)

Con expresiones palmarias,
ahora que el día se inicia,
voy a darle una noticia
a mi amigo Alberto Arias.
Después de las nobiliarias
sugerencias que usted dio
a los poetastros que no
saben mucho de poesía,
ellos vienen cada día
a que los enseñe yo.

En montón vienen aquí
para que yo los enseñe,
pero por más que me empeñe,
no aprenden nada de mí.
Tendré, si siguen así,
que levantarlos a palos…
Estos versos son regalos
que le hago desde mi casa,
para explicarle qué pasa
con esos poetas malos.


A SATURNINO OSPINO SOTO (4)

Soy flexible pero fuerte
cual una hoja de zic;
¡te acepto, Satu, en el ring
el duelo en que quieres verte!
Saber me permito hacerte
que antes de ser decimero
yo fui boxeador primero,
y ya mandé, chilacoa,
a traer desde Saloa
un par de guantes de acero.

Pero si yo te noqueo,
y en cuatro logras caer,
no me podrá detener
ni del árbitro el conteo.
En la lona te golpeo
cuando el “referee” te cuente;
te pateo salvajemente
apenas él diga: “¡uno!;
es posible que el yeyuno
de ese modo te reviente.

Y aunque se ponga cabrero
el juez, cuando diga: “¡dos!”,
te suelto una fuerte coz
por tu abultado trasero.
El público saloero
agitará sus banderas,
y, sea que quieras o no quieras,
tan pronto el juez diga: “¡tres!”,
te zampo un seco revés
por todas las posaderas.

Parecerá tu persona
un figurín de teatro,
y, cuando el juez grite “¡cuatro!”,
te estrujo contra la lona.
Tu horrible cara de mona
la volveré un mazacote;
sin importarme un cipote,
cuando el juez exclame: “¡cinco!”,
te haré dar un largo brinco
de un puntapié en el cocote.

Cuando estés desmentizado
y el “referee” cuente: “¡seis!”,
gritaré: “¡Aquí lo tenéis
a mis pies despatarrado!”.
Y, aunque el árbitro, aterrado,
me coja por ello grima,
te digo, Satu, aquí en rima,
que cuando el juez diga: “¡siete!”,
me bajo y releo un taurete
y te lo reviento encima.

Para que se ría la gente,
cuando el juez enuncie: “¡ocho!”,
te haré poner bizcorocho
de un taconazo en la frente.
Te quebraré más de un diente
cuando el conteo llegue a nueve;
tras este castigo leve,
cuando el juez pronuncie: “¡diez!”,
te remato de una vez
para que el diablo te lleve.


SATURNINO OSPINO SOTO (5)

Saturnino, yo te voy
a trozar por la mitad;
y si esta idea no es verdad,
dejo de ser yo quien soy.
Te partiré, morrocoy,
de dos rulazos certeros, 
y en seguida, sin agüeros,
les echaré, tras trozarte,
a los perros una parte
y otra parte a los goleros.

Por el centro de la cuenca
del ojo, escucha, lechuzo,
te voy a meter un chuzo
que fabriqué de una penca.
Y como se asa una arenca
en mi tierra, así te aso;
pero primero, payaso,
te quito bien el sollejo
y con un machete viejo
barriga y nalgas te esguazo.




A SATURNINO OSPINO SOTO (6)

Tengo un sable nuevecito
que afilé con una lima;
si te pongo el ojo encima,
sin piedad te decapito.
El cráneo entero te quito
con espíritu crüel,
y fabricarme de aquél
en mi cabeza se fragua
un coco “pa” echarles agua
a las gallinas en él.

Allá donde Mingo Guerra
me compraré una manila
para ahorcarte a ti, gorila,
como se ahorca en mi tierra.
Ayer me compré una sierra
con los dientes bien grandotes;
si yo te topo en mis trotes,
con ella te barajusto
y, si te alcanzo, con gusto
¡te parto en cuatro chicotes!


A MARCIAL AGÁMEZ (2)

¡Oye, galápago inmundo!,
te voy a rajar la jeta;
eres el peor poeta
que he conocido en el mundo.
Voy a llevarte iracundo
a Saloa y, con desdén,
nauseabundo comején,
babosa lombriz de tierra,
te acuesto en la línea “ferra” 
“pa” que te espachurre el tren.

Voy a pagarle a un cachaco
“pa” que te puye el mondongo
y de ñapa le propongo
que te degüelle, bellaco.
No servirás ni “pa” taco
tras el castigo, plateño,
y si me falla en su empeño
el cachaco que contrate,
tal vez yo mismo te mate
quebrándote encima un leño.



AL GUERRILLERO (3)

Mi lengua es una ponzoña;
por eso decirle quiero
al mentado Guerrillero:
¡que él no compone una ñoña!
De bardo es una carroña,
así me atrevo a juzgarlo;
está bueno de agarrarlo
y zamparle una rejera;
yo encontrármelo quisiera
y con un chucho fuetearlo.

Tú no eres, pajarraco,
ni bardo ni dramaturgo…
¡Donde te escondas te “jurgo”
con un palo de jicaco!
Con una aguja de saco
te voy a coser la boca.
Si alguna vaina me choca,
es que me ofenda un plebeyo…
¡Te voy a trozar el cuello
de un sablazo, burra loca!

Tu cabeza, burro moro,
es un vacío calambuco,
por no decir que un cicuco
lleno de estiércol de loro.
Si alguna vez te avizoro,
aunque me tomen por loco,
te templo por todo el moco
y contra la pared misma
te aporreo duro la crisma
“pa” que estalle como un coco.


A SATURNINO OSPINO SOTO (7)

¡Alístate, cascabel!,
porque voy para Zambrano
con un perrero en la mano
para fuetearte con él.
Te voy a arrancar la piel
sin lástima, mapurito;
cuantas veces des un grito
te zampo el palo en la boca,
del cual, si acaso me toca,
te haré tragar un trocito.

Es un perrero muy nuevo
que me mandó Julián Rizo.
Para que siempre esté liso,
cada rato le unto sebo.
Si a Zambrano me lo llevo,
te lo “arrecuesto” en el lomo.
En la punta tiene un plomo
para que “esmigaje” el cuero…
Satu, si tú estás cerrero,
con ese rejo de domo.

Me llevo tres perros bravos
cuyas uñas son cuchillos,
y sus agudos colmillos
más bien son es unos clavos.
Fuetes parecen sus rabos,
recuerda que te lo digo;
vas a sufrir un castigo
que nunca olvidar podrás;
por lo bajo quedarás
sin nalgas y sin ombligo.

Con ansias fieras y torvas
te pasaré sin dolor
por detrás un rallador
de la nuca hasta las corvas.
Te daré para que absorbas
un galón de gasolina;
después en forma dañina
te haré tragar una brasa,
a ver si en tu barrigaza
un incendio se origina.




A SATURNINO OSPINO SOTO (8)

Ya se acabó la creciente,
¿y ahora por qué no vienes?
¡Será que miedo me tienes!;
esto es lo más convincente.
Abandona el miedo y vente,
que aquí te espero “plantao”;
¡atrévete, “condenao”!;
has que el miedo se te salga,
¡“pa” ponerte en cada nalga
un hierro “e” “marcá” “ganao”!.


Si eres gallo, ven “pa” acá
(pero no gallo purina);
en cambio, si eres gallina,
mejor te quedas “echá”.
Te voy a “despescuezá” ,
gallo basto con viruela;
¡te lo juro por mi abuela,
que todavía no está vieja!
¡Te arrancaré la molleja
a puro pico y espuela!

Ven acá, gran “mardecío”,
para que veas que te rajo
y te saco el “estripajo”
con un serrucho bravío.
Te zampo un tizón “prendío”
por esa jeta maluca;
te quiebro un leño en la nuca
si vienes a Barranquilla,
¡y te meto una varilla
por el mismo “botayuca”!


 A CRISTO ACOSTA GIL (2)

A mi novia soberana
no la nombres en tu boca.
¡Jamás, cucaracha loca,
podrás quitarme a Cipriana!
Ni si me das una hermana,
dos sobrinas y tres hijas,
porque éstas son baratijas
ante mi más caro amor,
esa rozagante flor
en la que ahora te fijas.

Yo soy noble en el amor
y no como tú, bellaco;
creíste a Pacho algún maco
o lleno de gran candor.
Por eso juraste amor
a Carvila desde allá,
y al llamarte su papá
para ponerse de acuerdo,
respondiste como un cerdo,
¡como un bandido quizá!


PARA JORGE ELIÉCER GARIZÁBALO (1)

Me parezco a las mujeres
según tú, pedazo’e muesco…
Siquiera yo lo parezco,
¡peor eres tú, que lo eres!
Y aunque ocultarlo prefieres,
usando de macho el nombre,
no es cosa que a mí me asombre
ver tu verdadero ser,
pues eres una mujer
con ropa y disfraz de hombre.

Eres la mujer de Orfelio
y sé que le pegas cacho
con Gustavo, ese muchacho
que yo he de enviar al sepelio.
También con un tal Rogelio
dizque adulterio cometes;
a niños y mozalbetes
incitas a la maldad.
¡Mereces, si eso es verdad,
partirte encima mil fuetes!


A ALBERTO ARIAS FONSECA (3)

Llegué a pensar que su experto
cerebro ya no tenía
la misma chispa que un día
le dio fama, ñero Alberto.
Pero veo que aún no ha muerto
su poder intelectual;
todavía de modo igual
lo siguen guiando las musas.
Compadre, le pido excusas
por haber pensado mal.

Quizá estuvo un poco acerba
la poesía que le compuse;
la escribí porque supuse
que ya no tenía minerva.
Pero veo que aún conserva
su lucidez inicial;
razón ésa por la cual
sus poesías no son confusas…
¡Compadre, le pido excusas,
por haber pensado  mal.




A SATURNINO OSPINO SOTO (9)

Un berbiquí, sin retraso,
me compraré si lo veo,
y con él te agujereo
la punta del espinazo.
De un violento machetazo,
te mocharé una canilla;
si vienes a Barranquilla,
muchos de ti se reirán,
porque te levanto a plan
aquí con mi machetilla.

Si pisas, cara de mico,
este bello territorio,
tendrán que hacerte el velorio,
porque el hueso te lo pico.
Yo ante ninguno me achico
ni nadie me hace correr;
oye lo que voy a hacer
contigo, arisca potranca:
¡voy a ponerte en el anca
el hierro de Lucifer!

Por algún hueco inferior,
oye bien, pollo “corruto”,
cuando de coja te embuto
un potente volador.
Vas a gritar de dolor
y a volar como un cohete;
vas a pasar un mal brete
conmigo por tu osadía…
¡Yo ataco con furia impía
al que conmigo se mete!

Saturnino Ospino Soto,
si frente a mí te sitúas,
con un alambre de púas,
sin compasión, yo te azoto.
Buscando estás, según noto,
que el vientre te lo serruche;
tengo en mi casa un estuche
de enseres de rajar pipas;
¡voy a sacarte las tripas,
la pajarilla y el buche!



A MARCIAL AGÁMEZ (3)

¡Óyeme, indio cimarrón!
Como vayas a mi tierra,
¡te jilo como a una perra
sin ninguna compasión!
Te quemo con el tizón
de radiante incandescencia
que en la Punta de Macencia
desde ultratumba aparece;
con el rojo tizón ése
te abrasaré sin clemencia.

Tú nada vas a sopear
en mi tierra saloera,
donde a ti un niño cualquiera,
fácil, te puede ganar.
Porque allí aprende a rimar
el niño desde que nace…
Mejor, si te satisface,
ve a Saloa, sin hacer bulla,
con una paisana tuya
para que en mi pueblo enrace.


PARA LUCHO DE LA HOZ (5)

Lucho De a Hoz se fue
para Medellín de nuevo,
y le vuelvo a poner cebo
aquí en “Quiero Amanecé”.
Yo jamás me imaginé
que Luis fuera tan miedoso:
se regresó presuroso
para Antioquia porque vio
que aquí todavía estoy yo
enardecido y furioso.

Yo creo y con letras lo pinto,
que si Luis demora allá, 
acá a nosotros no va
a tocar beberle el tino.
En ese ambiente distinto
no podrá Lucho vivir,
y se tendrá que sentir
como burro entre las vacas;
entre miles de cachacas
no sabrá ni qué decir.

El hermano ganadero
de Luis lo vino a buscar
pa llevárselo a tomar
leche cuajada con suero.
Buscaba así con esmero
que el pobre Lucho engordara,
porque está como una vara
el vergajo de lo flaco…,
¡ah y vino hablando cachaco!,
¿no es cierto, Boris Vergara?

Pero César, el hermano
de Luis no se lo llevó;
de mil modos lo intentó,
pero el intento fue vano.
Lucho rechazó ese sano
y benéfico convite;
alebrado en su escondite,
a la calle no salía;
temía que si lo veía
yo lo retara al desquite.


PARA LUCHO DE LA HOZ (6)

Lucho, estás equivocado,
lo cual en ti ya es común;
entérate de que aún
mi chorro no se ha acabado.
Soy un vate consumado,
pues mi sangre es saloera;
por eso tengo madera
en mi cerebro extraverso
para componer un verso
más bonito que cualquiera.

La natura me dotó
de una mente prodigiosa,
y la que va a ser mi esposa
es lo mismito que yo,
porque ella también nació
en mi terruño querido,
y si allá hubiera nacido
la que ahora es tu mujer,
Ceci, te ayudara a hacer
un verso bien construido.


PARA MARCIAL AGÁMEZ (4) Y CRISTO ACOSTA GIL (2)

¡Que se prepare Marcial,
ese prosista barato!, 
porque el doce voy pa’ Plato
vuelto un mismo vendaval.
Y durante el Festival
me mostraré belicoso;
como un león vanidoso
me pasearé por la calle
y como a Marcial me halle,
¡a décimas lo destrozo!

Lo mismo y del mismo modo
le advierto al tal Cristo Acosta:
iré como la langosta
a Plato: ¡arrasando todo!
Y, si lo encuentro, lo jodo
a versos sin compasión;
como si él fuera un ratón
y yo fuera un hábil gato,
¡pienso corretearlo en Plato
por toda la población!

Y mi ñero Arias Fonseca,
que me prepare allá en Plato
un rico pebre de pato
y un perol de yuca seca.
Que me llene una caneca
de chirrinche, o sea de ñeque,
pues yo no creo que uno peque
con empujarse una pea,
sin ir a buscar pelea,
sin ir a poner pereque.


PARA MARCIAL AGÁMEZ (5) Y CRISTO ACOSTA GIL (3)

Le temieron, por lo visto
al Festival allá en Plato,
cuando yo desde hacía rato
para irme estaba listo.
Marcial Agámez y Cristo
hicieron que lo aplazaran,
pues saben que si se encaran
conmigo en el Festival,
la van a pasar muy mal
si a tiempo no se preparan.

En Saloa, mi país chico,
hacer tenemos pensado
un gran festival llamado
Festival del Bocachico.
Tal proyecto lo publico
porque quiero, muy gentil,
que la tropa poeteril
vaya al pueblo saloero,
que yo allá sí los espero;
¡yo no soy Marcial ni Gil!


A SATURNINO OSPINO SOTO (10)

De diciembre el dieciocho
yo supe que Saturnino
es mudo, calvo, boquino,
ñato sordo y bizcorocho.
Es chueco además de mocho;
es manco, también es cojo,
y, como le falta un ojo,
puede decirse que es tuerto;
es bembón y boquiabierto,
caratoso y tiene piojo.

Se le han formado en el cuero,
y no se sabe ni cómo,
peladuras en el lomo
y granos en el trasero.
Ese mugre no está entero;
es maco, desmentizado;
cachureto y desnalgado
y tienen papera y coto…
¡Mejor dicho, Ospino Soto
es un ser degenerado!




YO SOY COMO EL GALLO FINO

Yo soy como el gallo fino
porque con todos peleo;
si alguno me mira feo,
yo en seguida le encamino.

Yo no sé vivir en paz
con ninguno en este mundo;
yo me muestro furibundo
con toditos los demás.
Pido a Dios que Satanás
no se cruce en mi camino;
yo no gusto de vecino
ni con ninguno me enrolo;
me gusta vivir es solo,
yo soy como el gallo fino.

Yo soy como Supermán,
que ante ninguno se asusta;
a mí la pelea me gusta
casi lo mismo que el pan.
Yo soy como el alacrán
que pica sin pataleo;
por eso yo no poseo
ni siquiera un solo amigo;
ninguno vive conmigo
porque con todos pelo.

Yo soy la rápida mosca,
la vara que no se quiebra;
yo soy como la culebra,
que pica y después se enrosca.
Yo soy la madera tosca,
soy el duro tananeo;
si acompañado me veo,
provoco de varios modos,
y los paganos son todos
si alguno me mira feo.

Aunque ninguno me crea,
les diré que en esta vida
yo desprecio la comida
por hacer una pelea.
Yo soy la fuerte marea,
soy el loco remolino;
sobre cualquiera me orino
porque soy persona jaque,
y como alguien se enverraque,
yo en seguida le encamino.


PARA LUCHO DE LA HOZ (7)

Lucho De la Hoz se engaña
si piensa que es buen poeta;
le voy a tapar la jeta
para que deja la hazaña.

Como un huérfano aguilucho
de monótono cantar,
ha vuelto ahora a graznar
el sinvergüenza de Lucho.
Desde el alto cucurucho
de una antioqueña montaña,
emite su voz extraña,
creyendo que canta bien,
mas, como todos lo ven,
Lucho De la Hoz se engaña.

Parece un burro ya viejo
que rebuzna sin aliento,
y tiene su pensamiento
lleno de angustia y complejo.
Se ve en su cara el reflejo
de la senectud completa;
ya sin ninguna pirueta
a su fin su vida toca;
desde luego, se equivoca
si piensa que es buen poeta.

Está ladrando en la cima
de un cerro, como coyote;
lo voy a poner al trote
a punta de buena rima.
Si el ojo le pongo encima,
lo tiro con mi escopeta;
¡conmigo que no se meta!,
porque yo sí soy tremendo;
para que no ande jodiendo,
le voy a tapar la jeta.

Me voy a volver un mulo,
porque a Lucho De la Hoz
voy a zamparle una coz
por detrás, sin disimulo.
Si lo agarro, lo estrangulo
con impiedad y con saña,
y si nadie me regaña
cuando  yo lo tenga abajo,
le arranco el libro y el cuajo
para que deje la hazaña.


VOY A HACER UNA BATALLA

Voy a hacer una batalla
con los demás decimeros;
los mato haciendo regueros
aunque me crean un canalla.

Compré un rifle, una escopeta,
un revólver, una escuadra,
una pistola que ladra
y un fusil con bayoneta.
Me compré una metralleta
precisa que nunca falla;
compré excelente metralla
y una buena carabina,
porque con furia dañina
voy ha hacer una batalla.

Compré balas y balines
porque en la lid me los como,
cartuchos, pólvora, plomo
y borriquetes afines.
Porque Lácides Martínez
es de un pueblo de guerreros,
donde nacen hombres fieros
y bravos para pelear;
verán que voy a acabar
con los demás decimeros.

A Marcial lo escocoroto
del plomo que le daré,
y enseguida mataré
al mentado Ospino Soto.
Grande será el alboroto
cuando baje a los primeros;
a los bardos zambraneros
uno por uno los mato
y a los poetas de Plato
los mato haciendo regueros.

Al puñetero de Lucho,
aunque chille como un puerco,
calladito me le acerco
y le disparo un cartucho.
Si veo que me atacan mucho,
me construyo una muralla
y al que a molestarme vaya
lo ensarto con una lanza;
voy a hacer una matanza,
aunque me crean un canalla.


AUTOFELICITACIÓN

Cumplo años sin ritualismo
en esta fecha bendita;
si nadie me felicita,
¡me felicito yo mismo!
Y repleto de optimismo,
de esperanza y mucha fe,
le ruego a Dios que me dé
dos siglos de buena vida…
Yo sé que Dios no se olvida
de mí en “Quiero Amanecé”.

Ojalá que Rodriguito
un verso me dedicara…
¡Oblíguelo usted, Vergara,
a que me cante un versito.
Pero que sea bien bonito
y no tenga un solo fallo;
que no se le salga el gallo
cuando me lo está cantando,
que yo lo estaré escuchando
para ver si mete el guayo.


A RÓBINSON CALVO LUQUE (1)

Sé educado y comedido,
cara de puerca pariendo;
aquí a Delfina defiendo,
porque soy su defendido.
Tú, rufián, la has ofendido
con soeces dicharachos;
te voy a trozar los cachos,
tan crecidos como ramas;
¡no te luzcas con las damas!,
¡enfréntate con los machos!

Eres yegua en vez de gallo,
es la verdad cristalina,
y yo, en lugar de gallina,
soy un potente caballo.
Casi siempre que te hallo,
tú a mí me sales huyendo
y yo te voy persiguiendo,
encelado, tramo a tramo;
te alcanzo y te me encaramo
y luego te vas corriendo.


A ELOY MOÑOZ LLANOS (1)

Voy a ir a Candelaria
con una flecha y un arco,
para matar en su charco
a una babilla vicaria.
Con fiereza sanguinaria,
tortura larga le doy;
con mi rula Colin voy,
sin asco, a mocharla en dos…
El apellido es Muñoz,
y el nombre de pila, Eloy.

¡Qué vulgar ni qué carajo!
Lo que no soy es pendejo;
de nadie fregar me dejo,
y menos de ti, vergajo.
Para ti, jediondo a grajo,
es áspera mi expresión
con lo cual das la impresión
de que no eres masculino…
Sinceramente yo opino
que tú eres un locoyón.


A ARMANDO CÁRDENAS

Armando Cárdenas, ¡mira!,
contigo en pelea me enfrasco:
te voy a arrancar sin asco
el cuero tira por tira.
Has desatado mi ira
sin yo meterme contigo,
pero tendrás tu castigo
por tan loco atrevimiento:
te haré expeler excremento,
y a jartártelo te obligo.



A DOÑA DELFINA DE ARMAS

Delfina, abogada mía,
voy a hacerle un monumento
en plan de agradecimiento,
por su defensa bravía.
Es reina de la poesía
usted, egregia señora;
su rima demoledora,
dotada de fuerza extraña,
puso a Róbinson y a España
a ver chispas en la aurora.


PARA MANUEL ESPAÑA OSPINO (1 )

Señoras y señores, les vengo aquí a contar
que yo en una ocasión luché salvajemente
con cierto fulanejo, y su nombre es el siguiente:
Manuel España Ospino, y es de El Copey, Cesar.

Él me buscó la bronca de modos muy diversos;
sin yo decirle nada, me criticó el bandido,
yo me llené de rabia y le di su merecido
y le compuse entonces estos siguientes versos:

Sin yo meterme con él
y sin haberlo nombrado,
me provocó un desgraciado
denominado Manuel.
Yo lo ataqué sin cuartel
al notarlo mi enemigo,
y perdió, ante mi castigo,
su postizo poderío;
sintió el esperrenque mío,
¡ni más se metió conmigo!




A CARLOS PACHECO MIRANDA

Me causa satisfacción
que amistad conmigo abras;
te agradezco tus palabras
de encomio y exaltación.
Mas, con fina educación,
aquí te quiero aclarar
que mi viaje por el mar
al polo desde Saloa
no lo realicé en canoa,
fue nadando sin parar.




AL GUERRILLERO (4)

Guerrillero, mal supones
en tu rima medio rara:
Los Cardenales de Lara
no van a ser los campeones.
Los trofeos y galardones
los ganará el Magallanes;
sin apuros, sin afanes,
vencerá, te lo anticipo,
porque ése sí es un equipo
conformado por titanes.

Nicosia, Olivares, Macca,
Page, Ramírez y Hermoso
son un grupo muy valioso
que en el bateo se destaca.
Cualquiera de ellos la saca
sin dificultad alguna
de una manera oportuna,
con ganas, fuerza y deseo;
en el campo o el bateo,
hacen vibrar la tribuna.

PARA MANUEL ESPAÑA OSPINO (2)

Al fin el España Ospino
se ha atrevido a rechistar,
pero lo voy a dejar
sin panza y sin intestino.
De pronto hasta lo asesino
si lo juzgo necesario;
le sacaré, sanguinario,
el buche en un santiamén;
le voy a sacar también
la vagina y el ovario.

Se equivocó ese vergajo
conmigo desde un principio;
si yo lo agarro, le ripio
la pajarilla y el cuajo.
Le voy a trozar de un tajo
propinado a lo contrario,
sus nalgas de millonario,
que deben ser abultadas;
le sacaré a las patadas
la vagina y el ovario.

Yo al que me hiere lo hiero
y acoso al que me atabana;
soy lo mismo que Cipriana,
mi novia, a quien tanto quiero.
Y, como soy saloero
nunca le huyo al adversario;
a ese poetajo vicario,
que no sirve ni pa taco,
como lo agarre le saco
la vagina y el ovario.

Soy de una tierra sin ley,
donde el valor prolifera,
donde España esclavo fuera
aunque en su tierra sea rey.
Yo voy a ir a El Copey,
adonde ese dinosaurio,
y, mostrándome ordinario,
lo levantaré a garrote,
para que así el mugre bote
la vagina y el ovario.





A SATURNINO OSPINO SOTO (11)

Yo creía que Saturnino
había cogido escarmiento
tras el castigo violento
que yo le di a ese cochino.
Pero veo que ahora se vino
cacareando con retraso;
se va a mamar su leñazo
como me venga con vainas,
y trescientas azotainas
por todito el espinazo.

Luchando nunca me agoto
y ante nada retrocedo;
¡yo a ti no te tengo miedo,
Saturno Ospino Soto!
Tú tampoco, según noto,
me temes en la poesía;
posible no nos sería
dejar la contienda ya;
el duelo se acabará
con tu muerte o con la mía.





PARA LUCHO DE LA HOZ (8)

Se ha metido a religioso
el tal Lucho De la Hoz;
ahora sólo habla de Dios
con su lenguaje gangoso.
Como el Todopoderoso
se dé cuenta de la vaina,
le hará zampar su azotaina
para que no sea pendejo;
le hará arrancar el pellejo
a ese palurdo tontaina.

Ayer de tarde, temprano,
me dijo esa zorra chucha:
“Yo no intervengo en la lucha,
porque a todos me los gano.
En el actual mano a mano,
mejor callado me quedo,
porque si yo salto al ruedo,
mataré al que se me cruce…”
¡Pa joderlo! A mí me luce
que Luis lo que tiene es miedo.

Lucho parece pendejo. 
¡Con lo que viene a salir!
Que dejemos de reñir,
pidió a modo de consejo.
Yo la lucha no la dejo,
porque soy un buen poeta;
cuando alguno a mí me reta,
yo permanezco en el ruedo,
y si Lucho tiene miedo,
pues ¡cállese y no se meta!


A MANUEL ESPAÑA OSPINO (3)

Mostrándome bien dañino,
te sacaré cualquier rato,
con un largo garabato,
un pedazo de intestino.
¿Por cuál hueco, España Ospino,
crees que jalarlo consigo?
Por ser astuto enemigo,
hoy no te lo hago saber;
¡por la boca no va a ser,
es lo único que te digo!

Valiente como Torrijos,
le digo a España, rimando,
que si me sigue fregando,
le saco los entresijos.
Mis ataques, siempre fijos,
le harán la vida no grata;
iré a levantarlo a pata
en su propio municipio,
y las nalgas se las ripio
con una pulla de lata.




A RÓBINSON CALVO LUQUE (2)

Ya Calvo, el seudopoeta,
quedó callado la boca,
y, y si vuelve y me provoca,
¡vuelvo y le tapo la jeta!
Porque a mí se me respeta,
¡no ve que soy saloero!,
y, por lo tanto, prefiero
la muerte a caer vencido;
ya te di tu merecido,
poetastro candelariero.

Tú no puedes aspirar
a componer como yo,
porque a ti Dios no te dio
cabeza para rimar.
Si tú fueras del Cesar,
¡de Saloa!, pa ser más claro,
no tendría nada de raro
que aprendieras este arte,
pero tú eres de otra parte,
y siempre serás ignaro.


MENSAJE A LA AUDIENCIA

Yo sigo firme en la lucha,
tumbando al que se atraviese;
mientras la guerra no cese,
madera me sobra mucha.
Comunico al que me escucha
que yo peleando soy fiero:
me gusta pegar primero;
no amago, sino que doy…
Querida audiencia, yo soy 
el Poeta Saloero.

Yo soy el poeta aquel
que se escucha de mañana:
aquel que a todos les gana
y nadie puede con él.
Yo soy Lácides Manuel,
el que rima sin confín,
porque nací en un jardín
que merece toda loa:
¡Nada menos que en Saloa,
por los lados  de Guillín!


PARA MI PAISANO JOSÉ ABAD MEDINA (3)

Mi paisano José Abad
se ha callado de repente;
a pesar de ser valiente,
ya no escribe a Libertad.
Me sorprende de verdad
su callada repentina;
de raza valiente y fina
son los bardos de mi tierra.
¡No debe dejar la guerra
usted, José Abad Medina!


A RODRGÍGUEZ RODRIGUITO

Ya Rodríguez no es violento;
por más que sea, ya es vetusto,
y se va a llevar su susto
conmigo en cualquier momento.
Algún día me le presento
allá mismo en la emisora,
y, con rima arrolladora,
terminaré con su fama,
cantándole en el programa
durante toda la hora.




QUE ESCRIBAN COMO YO

En corto espacio yo expreso
bastantes ideas completas,
pero existen muchos poetas
que no saben hacer eso.
Escriben un rufle grueso
de versos malos y feos,
los cuales no dan deseos
de prestarles atención,
obviamente porque son
tan sólo simples cloqueos.


AQUÍ ESTOY YO

Aquí estoy como una aguja,
dispuesto a pullá al que sea;
cuando Lachi corcovea,
el que no se queja puja.
Tengo una tía que es bruja,
que me presta sus servicios;
si a mí me causan perjuicios,
o algún vergajo me ofende,
ella entonces me defiende
repartiendo maleficios.

Soy el decimero nato
que acabó con Saturnino;
aquel que puso en camino
a los poetajos de Plato.
A éstos, si no huyen, los mato,
es decir, los dejo fritos,
haciéndolos pedacitos
con mis versos sin complejos…,
pero no fueron pendejos
y se escondieron toditos.


A MARCIAL AGÁMEZ (6)

Compadre, a mí me ha dolido
lo que le hizo su mujer;
usted nunca debió ser
de esa pájara marido.
Debió haberla conocido
y estudiarla con esmero
para descubrir primero
que no era mujer decente,
sino, muy contrariamente,
mujer de alegre trasero.


PARA SATURNINO VILLAZÓN

Se ha metido en un buen lío
Saturnino Villazón;
me provocó sin razón,
¡pues va a ver mi poderío!
Desafió a un violento trío:
retó a Lucho, al Guerrillero
y al Poeta Saloero,
que es el papá de los dos…
¡Debe encomendarse a Dios
si quiere quedar con cuero.




PARA SATURNINO OSPINO SOTO (12)

Seguro estoy de que exploto
de la rabia en cualquier rato,
y no respondo si mato
al mugre de Ospino Soto.
Le embutiré por el roto
que bota lo que se traga
una corrosiva draga
que le llegue al mismo pecho;
así las que él me ha hecho,
todas juntas, me las paga.

El Carmen del Magdalena
va a tener su diversión:
voy para esa población
con una soga bien buena.
Y amarraré en calle plena
a Satu por el pescuezo;
le pongo un lazo y lo atieso,
luego lo amarro con ganas
y así todas las mañanas
con él el pueblo atravieso.

Por las noches lo someto
a vigilancia y cuidado:
en un oscuro excusado
para guardarlo lo meto.
Para nadie es un secreto
que en ese hediondo lugar
se tendrá que rejartar
de excremento pestilente,
y lo vuelvo al día siguiente
por las calles a arrastrar.


A SATURNINO OSPINO SOTO (13)

Yo también, gallina boba,
contigo armaré un disfraz;
le pondré nombre, además:
será el disfraz de la escoba.
Busco un puntal de caoba,
te pongo cabeza abajo
y de arriba te lo encajo
por un pequeño agujero;
tal será el paso primero
del disfraz del escobajo.

Luego atieso bien el palo
metiéndolo muy profundo,
es decir, que te lo hundo
y para probar lo jalo.
Tu cabello, bueno o malo,
constituirá las pajitas,
y, cuando ya entre tus cuitas,
escoba vuelto te halles,
contigo iré por las calles,
barriéndolas mientras gritas.



PARA DOÑA DELFINA DE ARMAS

Alabo a doña Delfina,
mi abogada defensora;
ésa es una gran señora
que tiene un alma divina.
Es muy guapa y abomina
los actos de cobardía;
ella, con gran valentía
y pensamiento veloz,
paró a Lucho De la Hoz,
que a traición me acometía.

Yo me hallaba en el Cesar,
que es la tierra natal mía,
pero claramente oía
a ese cuervo crascitar.
Me he propuesto vigilar
a ese sucio guereguere,
por si a atacar se atreviere
a Delfi, a quien ver anhelo.
Como me le roce un pelo…,
¡de que se muere, se muere!


PARA ORFELIO LARA (4)

Está bien, Orfelio Lara,
ya me aclaró la cuestión,
pues me dio la explicación
que yo le solicitara.
En forma bastante clara
y con mucha gallardía,
usted mismo el otro día
me explicó en palabras suyas
que sus sátiras y puyas
no fueron en contra mía.

Pero ya está bueno, amigo,
de tantas explicaciones;
evite complicaciones
mayores de usted conmigo.
A las buenas yo le digo
que deje ya la insistencia,
pues soy de poca paciencia,
y de pronto tanta friega
me puede llevar, colega,
a responder con violencia.


PARA LUCHO DE LA HOZ (11)

Es cosa bastante real
que Boris acierta mucho
cuando señala que Lucho
a mí me ha pagado mal.
Ese cerrero animal
es un desagradecido;
ni se mosqueará el bandido
por las cosas que aquí hablo,
ya que así le paga el diablo
a aquel que bien le ha servido.

A mí está bien que me pase
para que no sea pendejo,
pues, conociendo al tipejo,  
lo insté a que se superase.
Y hasta le dicté una clase
yo mismo por ser tan bueno;
pero hoy, de un modo sereno,
yo pienso, oyentes queridos,
que de desagradecidos
se encuentra este mundo lleno.

PARA DOS GALLINAS

Soy un zorro saloero
que tiene las garras finas;
tengo vistas dos gallinas
por allá en un gallinero.
Espapuchármelas quiero
y me las voy a comer;
me las tengo que coger
para chuparles el hueso;
a ambas las despescuezo,
¡lo digo y lo voy a hacer!

Les voy a hincar el canino
aunque formen la algazara…
La una es Orfelio Lara,
y la otra, España Ospino.
Yo a los dos los abomino,
y, aunque digan que soy malo,
les daré como regalo
veinte litros de heces llenos…
¡Esos mugres están buenos
de levantarlos a palo!




PARA MI PAISANO ALBERTO LÓPEZ MORENO

Felicito a mi paisano
Alberto López Moreno;
desde que estaba de seno,
lo quiero como a un hermano.
Él, en cualquier mano a mano,
a cualquiera decapita;
ayuda no necesita,
porque se defiende solo…
Hijo de Crispina y Polo,
y hermano de Ciprianita.

Él también es saloero,
de la comarca de El Mango;
por eso de suelo y rango
hereda el ser decimero.
Si tropieza a un pendenciero
lo aplasta ni a cucaracha;
este poeta sin tacha
reside en Curumaní,
pero él es, eso sí,
¡saloero hasta la cacha!




PARA EL “CRACK” MARCHENA

Le digo con buen criterio
al “Crack” que deje esas chanzas,
puesto que en mí no hay tardanzas
para tomarlas en serio.
Su satírico dicterio
no me gustó que emitiera;
que enrosque su lengua fiera
y más camorra no arme,
porque si vuelve a tocarme,
¡salimos de pistolera!


A ORFELIO LARA (5)

No me gusta andar armando
escándalos por la calles,
y espero que tú te halles
dispuesto a seguir luchando.
Yo mis versos se los mando
a Boris pa que los lea;
es mi forma de pelea,
la cual tiene más valía
que la de armar gritería
cual polla que cacarea.

Contigo no hago el convenio
de acudir a la emisora,
porque mi sed destructora
sería mayor que mi ingenio.
Yo me conozco mi genio
y sé que al verte, enseguida,
sin que nadie me lo impida
y a manera de saludo,
¡te levanto a pata y nudo
y puedes perder la vida.







PARA LUCHO DE LA HOZ (12)
           (Fagmento)

Hay un vate cobarde y además sinvergüenza
que le gusta lucirse con las pobres mujeres,
pues dirige hacia ellas el insulto y la ofensa,
con lo cual él recibe inexplicables placeres.

Insultó ese bellaco a una admirable señora
que Delfina De Armas es su eufónico nombre;
como ella es mi amiga y otrosí defensora,
le respondo a ese mugre, porque yo sí soy hombre:

Luis Alberto De la Hoz
insultó a una dulce dama,
la cual Delfina se llama
y que es un alma de Dios (…)

PARA ORFELIO LARA (6)

Eso de pelear con bulla
en la forma que tú quieres,
se deja pa las mujeres
y hombres de la clase tuya.
Como una perra que aúlla
peleas tú, según lo noto;
yo veo que yo jodí a Soto,
que se las daba de chacho,
peleándole como un macho,
sin armar tanto alboroto.

Las viejas de mi región,
las que son del tiempo de antes,
cuando pelean son amantes
de golpear duro un galón.
Y no es otra su intención
que la de escándalo armar;
tú también quieres gritar
y quieres que sea tu socio,
pero, para ese negocio,
yo no me voy a prestar.




A MI PAISANO JOSÉ ABAD MEDINA (2)

No sé qué le pasará
a José Abad, mi paisano,
que su cabeza y su mano
dejaron el verso ya;
lo cual nada bueno está,
porque todo saloero
se distingue por ser fiero
en sus versos valerosos,
pues no hay poetas miedosos
en mi terruño, que quiero.


PARA ORFELIO LARA (7) Y MANUEL ESPAÑA OSPINO (4)

Orfelio y Manuel España
son un par de desgraciados;
ya los tengo sentenciados
para matarlos con saña.
Los llevaré a la montaña
de San Jerónimo y luego
nalga con nalga los pego,
gasolina les rocío
y con un tizón prendío
a los dos les prendo fuego.


PARA GUSTAVO LARA (“GULA”)

Ahora salió una mula
relinchando en forma horrible;
le haré la vida imposible,
su nombre es Gustavo Gula.
Si el muérgano no recula,
me lo como a puntapié;
sin descanso le daré
duro con un cabo de hacha,
y le embuto hasta la cacha
un sable que me encontré.

Se arrepentirá es tipo
de haberme a mí desafiado;
si agarro a ese desgraciado,
como a un gusano lo estripo.
Desde ahora le anticipo
que lo voy a derrotar;
jamás me podrá ganar
ese patuleco zambo,
porque si él es de Malambo,
yo soy de Saloa, Cesar.



PARA ALDO BENJUMEA (1)

Le ha buscado la pelea
al Poeta Saloero
un mal curumanilero
llamado Aldo Benjumea,
el cual no tiene ni idea
del lío en que se metió;
le enseñaré, quiera o no,
que Lácides se respeta;
le voy a partir la jeta
para que vea quién soy yo.


PARA ORFELIO LARA (8)

Nadie a mí me atemoriza,
y menos Orfelio Lara;
le daré con una vara
una tremenda cueriza.
Le quitaré la camisa,
le bajaré los calzones;
a punta de pescozones
lo haré apoyarse en los brazos,
y lo levanto a fuetazos
sin tantas contemplaciones.

Que sepa ese majadero
que no he colgado los guantes;
yo soy el mismo que antes:
el Poeta Saloero,
el mismo que hizo un reguero
de poetastros atrasados
que querían ser comparados
con mi pluma y mi talento...
A Orfelio yo lo reviento
de sólo cuatro bocados


PARA ELOY COHEN (2)

¡Caramba!, yo no sabía
que Eloy Cohen me había atacado,
pero ya estoy enterado
de que tuvo esa osadía.
No obstante, me gustaría,
por eso aquí se lo aviso,
que Eloy Cohen, siendo preciso,
me aclarara la cuestión:
si lo hizo sin intención
o fue adrede que lo hizo.

Yo con ninguno me meto,
pues soy un hombre de paz,
pero no le huyo jamás
a aquel que me lanza un reto.
Con décima o con soneto,
yo soy certero y mortal,
y lo va a pasar muy mal
Eloy si pelea conmigo,
porque soy un enemigo
más bravo que un vendaval.


PARA ESPAÑA OSPINO (5)

¡Pa jodé al España Ospino!
Tratándome de indecente.
Le voy a zampar, caliente,
un hierro con mucho tino.
Tengo un arpón largo y fino
que ha sacado más de un cuajo;
si yo agarro a ese vergajo,
se lo aturugo en la piel,
para que bote la hiel,
el buche y el estripajo.

Él dice, en forma hazañosa,
que es decente y educado;
voy a ponerle un lavado
con agua de pringamoza.
Él piensa que es buena cosa
que la gente sea pendeja,
y ser así me aconseja,
pero yo no le hago caso;
¡le voy a da es un leñazo
con un trozo’ e peraleja!

¡Eche, pa jodé a ese man!
¡Y que a darme despedida!
El muy condenao se olvida
de que escuchándolo están.
Sus paisanos estarán
muriéndose de vergüenza
al ver que ese sinvergüenza
se me ha humillado de frente.
Aunque uno no sea valiente,
debe intentar su defensa.


A JULIO GIL BELTRÁN SIMANCA (1)

Julio Gil Beltrán Simanca
es un caballo ya viejo;
lo amarraré con un rejo
y me le subo en el anca.
Si veo que a correr no arranca,
lo chuzo con una pulla
y le doy con la cabuya
por la cabeza bien tieso; 
cuando ya me canse de eso,
lo suelto para que huya.

Me ha hecho volar la pega
ese tipo con su hablar;
él cree que me va a asustar,
pero conmigo se friega.
¡Ahora sí!, ni si me ruega,
lo dejo quieto en su casa;
si la pelea no rechaza,
lo paso pronto al papayo,
porque yo sí soy un gallo
valiente y de buena raza.


PARA ORFELIO LARA (9)

¡Prepárate, Orfelio Lara!,
porque te voy a atacar,
para enseñarte a rimar
en forma correcta y clara.
Escucha en voz de Vergara
los versos que te saqué:
si yo te cojo, te haré
cualquier cosa que te duela;
tal vez te zampe una pela
con un bejuco tomé.

Dices tú que yo perdí
la facundia que tenía;
al contrario, cada día
hay más suficiencia en mí.
Como en Saloa yo nací,
de los bardos soy azote;
no tengo quién me derrote
y puedo ser tu maestro;
si quieres, te lo demuestro
aunque sea punta e garrote.

Yo soy de Saloa, Cesar,
por si acaso no lo sabes;
soy el que carga las llaves
de las puertas del rimar.
Cuando me pongo a cantar,
se estremecen las paredes;
si ante mí no retrocedes,
pronto te harán el sepelio…
Te voy a probar, Orfelio,
que tú conmigo no puedes.


YO SOY DE SALOA

Yo soy de Saloa, Cesar,
por si acaso no lo saben;
en mi corazón no caben
la compasión ni el pesar.
Lo que sí sé es castigar
al que me venga con friegas; 
se lo aclaro a mis colegas
que conmigo se engañaron…
A ser así me enseñaron
Saloa, Guillín y Las Vegas.

Soy bravo como una fiera
y duro como una roca;
yo tengo fuego en la boca
y pólvora en la mollera.
Soy de raza saloera;
por eso soy como soy;
al que me amague le doy,
y ataco al que me provoque…
¡Pobre de aquel que me toque
cuando con rabia yo estoy!


PARA ORFELIO LARA (10)

Estás muy equivocado
en tu estúpida opinión,
pues tengo más condición
ahora que estoy casado.
Y bachiller fracasado
serás tú, cara’e bujío;
como yo no soy leío,
no me viene el remoquete;
¡a mí háblame de machete,
de canoa, atarraya y río!

Mas, con mi poco saber,
te derroto sin esfuerzos,
porque yo, escribiendo versos,
vencí al propio Lucifer.
Quisieras tú componer
del modo que yo lo hago;
tu rima no causa halago
por ser de muy baja estofa…
Oyendo de ti una estrofa,
se deduce que eres gago.


RECORDANDO QUIÉN SOY

Yo soy la firme canoa
que navega y no se vara,
y al que en mi línea se para
lo atropello con la proa;
pues soy nacido en Saloa
y no me asusta la intriga;
dígase lo que se diga,
yo en la pelea me deleito,
y si alguien me busca pleito
lo aplasto como a una hormiga.

Cuando me vuelan la checa,
soy tempestad que no amaina,
y al que me venga con vaina
yo lo levanto a muñeca.
Si alguno me hace una mueca,
de una trompada lo privo;
en mi verso duro y vivo
no reflejo compasión…
¡Yo escribo es con un tizón,
y es candela lo que escribo!

Sepan, a la luz del alba,
que de la lid soy amigo;
al que se enfrenta conmigo
lo pongo color de malva.
Quien me ofende no se salva
ni si al diablo ayuda impetra;
aunque no sé mucha letra,
de los bardos soy la tapa…
¡Señores, yo soy la grapa
que en todo poste penetra!

No ha nacido todavía
el bardo que me derrote;
yo estoy sobrado de lote
en esto de la poesía.
Si creen que es mentira mía,
que lo pruebe el que se atreva
y verá cómo se lleva
el más salvaje castigo.
¡Tirando versos conmigo,
el más verraco se ahueva!