domingo, 30 de diciembre de 2012

PARA MI DEFENSORA DELFINA DE ARMAS


PARA MI DEFENSORA DELFINA DE ARMAS

Me duele profundamente
que mi abogada Delfina,
mujer decente y muy fina,
tenido haya un accidente.
Pero Dios Omnipotente
sé que velará por ella
y borrará toda huella
del lamentable percance,
para que de nuevo alcance
su forma agraciada y bella.

En la Clínica del Prado,
cuando a visitarla fui,
en mi interior me sentí
hondamente consternado.
Desde entonces he rogado
al Cielo que sin demora
se aliente esa gran señora,
a quien estimo y respeto
y que con Martínez Beto
tuvo una nefasta hora.

               Lácides Martínez Ávila

AYER A PESCAR SALÍ


AYER A PESCAR SALÍ

Ayer a pescar salí
sin patrón ni compañero,
y en medio de un aguacero
bastantes peces cogí.

La ciénaga de Totó,
de sus aguas tan azules,
me dio noventa barbules
y ochenta arencas me dio.
Treinta bagres cogí yo
y seis burras, otrosí;
contentísimo volví
ya por la tarde a Saloa...
Solito, yo en mi canoa,
ayer a pescar salí.

Asimismo capturé
cuatrocientos bocachicos;
boté los más chiquiticos
y los grandes conservé.
Sin carnada, me jalé,
con un anzuelo bagrero,
un sábalo cienaguero
que me quiso hasta tumbar,
ayer que me fui pescar
sin patrón ni compañero.

Cogí cincuenta doradas
y sesenta comelones,
veinte moncholos muelones
y diez doncellas preñadas.
También fueron atrapadas
por mi atarraya de cuero
cien cachacas y un rimero
de mojarras y blanquillos…
Cogí muchos pececillos
en medio de un aguacero.

Yo destilaba alegría
y dicha hasta por los poros,
pues setenta coroncoros
pesqué en la atarraya mía.
Y, cuando ya atardecía,
también pesqué un manatí;
entonces me dirigí
al puerto de Guamalito,
feliz porque yo solito
bastantes peces cogí.

             Lácides Martínez Ávila

CONTESTA DE UNA CARTA DE MI AMIGO FREDDY PLATA (1975)


CONTESTA DE UNA CARTA DE MI
AMIGO FREDDY PLATA (1975)

Primeramente recibe
el más sincero saludo
de quien te extraña a menudo
y que esta carta te escribe.
Te diré que aquí se vive
en un clima amañador
que sin duda es superior
al de Tunja, amigo mío,
porque no hace mucho frío
ni es excesivo el calor.

Perdona que no me exima
de hacerte la carta en verso,
pero es que cuanto converso
ahora me sale en rima.
Volviéndote a hablar del clima,
te diré en esta poesía
que a mí no me gustaría
vivir en una nevera.
¿Cómo diablos se prospera
en una vaina tan fría?

Te informo aquí en confidencia
que, aunque no lo entiendo casi,
ya los cacos de Codazzi
gozan de real indulgencia.
En esta correspondencia
que muy gustoso te escribo,
de decirte no me inhibo,
pues no hay razón para ello,
que ahora también “El Chello”
vive aquí donde yo vivo.

De Luis Ávila conviene
escribirte sin enredo
que poco decirte puedo,
porque casi aquí no viene.
Lo del plumero, aunque truene
Lucho cual bomba explosiva
cuando el informe reciba,
se lo diré, no lo dudes;
también lo de tus saludes
a Francia, cuando le escriba.

Me volvió a brillar el Sol,
y en los primeros parciales
saqué notas de las cuales
aquí te transmito el rol:
Cinco saqué en Español,
lo mismo en Filosofía,
mientras que  en Psicología
logré sacar cuatro treinta.
¿Lingüística? Tres setenta;
ésa fue la nota mía.

Casi que tengo un revés,
puesto que en Sociología,
rajada la mayoría,
pude salvarme con tres.
Cuatro setenta en Inglés
obtuve sin mucho apuro,
pero, Freddy, te aseguro
que me voy a proponer
estudiar para obtener
mejor nota en el futuro.

Si algo más debo decirte,
de mi memoria hoy se aparta
y lo incluiré en otra carta
que habré después de escribirte.
También he de remitirte
los versos que yo he compuesto
en mi duelo con el resto
de los poetas campestres,
para que allá se los muestres
a tu amigacho inmodesto.

                      Lácides Martínez Ávila

PARA JULIO GIL BELTRÁN SIMANCA


PARA JULIO GIL BELTRÁN SIMANCA

Gil Beltrán, gran rimador,
me pidió con cortesía,
que le hiciera una poesía
a Cristo Nuestro Señor.
Y yo, que soy trovador
desde mi modesta cuna,
no tuve objeción alguna 
para hacer a mi manera
lo que Beltrán me pidiera
en forma tan oportuna.

Mas yo también quiero ahora
pedirle a don Gil Beltrán
que le cante sin afán
a la tierra donde  mora:
A la Costa encantadora
donde nosotros nacimos,
do por vez primera vimos
del sol su luz prodigiosa
y nuestra madre amorosa
nos dio sus primeros mimos.

                  Lácides Martínez Ávila

A ALBERTO ARIAS FONSECA


A ALBERTO ARIAS FONSECA

Desde Plato, donde brilla,
Arias, si no me equivoco,
se vendrá dentro de poco
a vivir a Barranquilla.
Como no sea carretilla
y se venga de mudar,
cuando llegue, sin tardar,
pondremos en compañía
una escuela de poesía
para enseñar a rimar.

A su llegada, lo invito,
tal como el uso lo manda,
a formar una parranda
con Boris y Rodriguito.
Participarán del rito
el Burujul y Javier,
y Teresa, la mujer
de Javier, hará el sancocho,
pues yo pienso comprar ocho
gallinas para comer.

                  Lácides Martínez Ávila

A “QUIERO AMANECÉ”


A “QUIERO AMANECÉ”

Cuando el suave resplandor
de la aurora comenzante
aparece en el levante,
enciendo mi receptor.
Y en mi lecho amañador
sintonizo con esmero
“Radio Libertad”, pues quiero,
antes de que el tinto esté,
oír “Quiero Amanecé”,
programa muy placentero.

Siento un placer infinito,
que del dolor me separa,
oyendo a Boris Vergara
y a Rodríguez Rodriguito.
Mi receptor pequeñito,
desde su camastro azul,
que es la tapa de un baúl,
me da goces a raudales
con los chistes muy geniales
del gracioso Burujul.

                 Lácides Martínez Ávila

PARA LA PELÁ YINA


PARA LA PELÁ YINA

¡Caramba!, es muy cierto eso
de que la Pelada Yina
goza de una voz divina
con el encanto de un beso.
Yo me llené de embeleso
ayer que con ella hablé;
por teléfono escuché
su dulce voz de sirena,
tan agradable y amena
como “Quiero Amanecé”.

Ahora sí que yo me explico
por qué tantos caballeros
se la pelean cual goleros
dotados de recio pico.
Eso yo no lo critico,
porque cualquiera lo haría;
yo también me pelearía
por Yina como un león,
pues tiene entera razón
Segura en lo que decía.

                  Lácides Martínez Ávila